Edición 5 — Aqui nos llevamos bien… pero no avanzamos.
Descripción de la publicación
5 de febrero de 2026
La sala de reuniones era agradable. Vidrio, luz pareja, café recién servido. Nadie levantaba la voz. Nadie interrumpía. Todo “muy correcto”.
El Director General miró la mesa y pensó algo que no dijo: “Qué bien nos llevamos… pero qué poco cerramos.”
El tema era simple: prioridades del mes y una promesa grande que el área comercial quería poner sobre la mesa.
El Director Comercial habló con energía. Venía con el cliente en la cabeza, con la presión de la competencia, con esa mezcla de entusiasmo y urgencia.
—«Si no nos movemos ahora, perderemos la cuenta», dijo.
Operaciones no lo contradijo de frente. Hizo lo que hacen muchos cuando quieren evitar pelea: bajó la intensidad, puso voz tranquila.
—«Entiendo perfecto… solo que estamos al límite de capacidad», respondió, y dejó la frase flotando.
Finanzas miró el Excel como quien mira un parte médico.
—«Con ese descuento, el margen queda muy justo», dijo, sin dramatizar.
Personas trató de cuidar el clima. Se notaba en el tono.
—«Ojo con el desgaste del equipo, venimos cargados», agregó.
T.I. hizo un comentario sensato, de esos que suelen quedarse sin dueño:
—«Si todo es prioridad, nada es prioridad.»
Y la reunión siguió… amable. Educada. Bien intencionada.
El CEO, desde su silla, empezó a sentir lo de siempre: esa impotencia silenciosa de ver que nadie quería ser “el malo”. Nadie quería tensionar. Nadie quería decir una frase que dejara a otro incómodo.
Entonces empezaron a aparecer las frases que suenan correctas… pero son anestesia:
—«Tiene sentido.» —«Estoy de acuerdo en el fondo.» —«Busquemos un equilibrio.» —«Veámoslo con más información.»
El CEO miró el reloj. No por apuro. Por una intuición que ya conoce: si salimos así, el lunes vamos a tener dos versiones.
Una para el cliente. Otra para la operación.
Y cuando hay dos versiones, el conflicto no desaparece. Solo cambia de lugar: se va al pasillo. Al WhatsApp. A la ironía. A la demora. A las “excepciones”.
El CEO cerró la reunión con una frase correcta, de esas que no se discuten:
—«Ok, avancemos. Lo vamos conversando.»
Y al levantarse, la sala siguió “bien”. Nadie se peleó. Nadie quedó molesto.
Pero la ejecución quedó herida. Como siempre.
Lo que cuesta aceptar
Un comité ejecutivo sano no es un comité sin conflicto.
Sino que es un comité que sabe pelear bien.
Porque cuando evitamos el conflicto para “cuidar el clima”, pasa algo brutal:
no protegemos el clima; sino que protegemos la ambigüedad.
Y la ambigüedad es cara. Mucho más que una conversación difícil.
Se paga en:
Volver a hacer el trabajo,
promesas que no se pueden cumplir,
desgaste del equipo,
y ese “gobierno informal” donde las decisiones se toman afuera, en pequeño comité.
La frase «aqui nos llevamos bien» a veces puede significar: «no nos decimos la verdad a tiempo».
Y en tiempos de inteligencia artificial, eso es mortal. Porque la IA acelera el ritmo del mercado: clientes, competencia, información. Si el comité no es capaz de cerrar los temas, el mundo se mueve igual… pero tú te quedas atrás.
¿Hay solución?
No se trata de pelear más. Se trata de gobernar mejor.
La regla que cambia la sala de reuniones es esta:
Conflicto sí. Ambigüedad no. Disenso permitido. Prohibido que hayan dos versiones.
¿Cómo la puedes aterrizar?
Puedes buscar un cierre mínimo al final de cada reunión que obligue al sistema a firmar.
El “cierre en 5 líneas”
Decisión (una frase única)
Motivo (1o 2 líneas)
Condición o límite
Quien es el Dueño (solo uno)
Fecha
Si falta una sola línea, no hay cierre. Solo habria conversación.
Te hago una pregunta bien concreta:
¿En tu comité qué se cuida más hoy: el clima… o el cierre?
